Yo era el primero de la fila. Vi a los restantes, detrás de mí pero sin mirarlos, no pude advertir ningún tipo de detalle. Solo mataba toda mi sensibilidad meditando en el hecho de qué haría cuando viera a Clara, y en que diantres hubiera sucedido con anterioridad a mi pobre pero jugoso recuerdo.
Inexplicablemente el tren llegó, como nunca se habría dado (es extraño que los tiempos fueran concordando con las necesidades, pero… era).
“Algo funcionaba de manera extraña, o extravagante”, me atrevería a insinuar, como para ser el mal visto de la hora, pero al instante volví a pasar desapercibido. Pero me refería a que el tren no parecía tal, sino una especie de colectivo devenido en tanqueta, luego de un subdesarrollo surrealista. No tenía la opción de salir de ahí; no hubiera llegado y quien sabe lo que estaba por suceder en la casa de Clara (si era la casa… todo estaba cada vez más en duda).
Los pasajeros acentuaban esta sensación que me daba el viaje, parecían todos como salidos de un circo psicótico. Tuve la delicadeza de preguntarle a una nena -¿de dónde vienen?-, pero con ojos confundidos me dijo -¿y vos a dónde vas?... yo te conozco, te vi ayer en lo de Clara… ¿Qué te buscas con Clara?-.
Era insospechable, pero esta nena me había dejado sin respuesta, llegó el punto en que no importaba siquiera el ropaje extraño de toda esta gente, simplemente comencé a contemplarlos y a registrar cada ápice de su absurda y contagiosa felicidad.
En eso vi un muchacho que salió despedido por la ventana, justo donde el tren hacía un giro hacia el lado opuesto, esté agarró una soga, que quien sabe de donde estaba amarrada, y cuando me quise dar cuenta el tren hacía la contracurva con la que este entraba por la misma ventana por la que había salido. Otro pasaba de vagón en vagón haciendo piruetas extrañas con fuego y trapos negros, de este me llamó la atención la tremenda obscuridad que habitaba en su mirada (y en sus trapos).
Luego de observar cada uno de estos cálidos detalles, volví a la pregunta de la nena. Por lo que sabía, no se podría decir que yo supiera demasiado, y muy poco tampoco. Ya ni siquiera me importaba mucho su segunda pregunta, y eso que era la más intimidante, me quedé absolutamente consternado por el “¿y vos a dónde vas?...” (y me pongo a enmarcar esos puntos suspensivos, que fueron una tormenta instantánea de preguntas terribles hacia mí, de mi propio yo) y no pude dejar de recordar la tristeza de su mirar, con una terrible sensación de riqueza espiritual, entonces quise hacerle algunas preguntas así que comencé a caminar por los vagones como un enfermo desesperado por su medicina, o por algo que lo haga olvidar su enfermedad, o por algo que la acentúe de manera peligrosa para todos los demás, y más aún para sí mismo.
No encontraba más que balbuceos ajenos a mis intereses particulares, y también algunas críticas a mi normal vestimenta.
-¡No puede ser!- grité desesperado, y siendo que para entender a otro no había que elevar tanto la voz, la mía llamó la atención de los pasajeros de este, el primer vagón. Pensé en ir hacia la cabina pero meditándolo mejor era algo un poco exaltado como para lo que buscaba… entonces me puse a pensar en que es eso que diablos buscaba y la realidad estaba al frente de mis ojos, mientras todos estos me miraban expectantes incesantemente, luego de mis gritos. Este era el secreto, yo buscaba a esta nena y quería averiguar algo… nada iba a averiguar con su presencia, y mientras pensaba en esto el ambiente se volvía mas turbio, la gente extraña miraba más extraño que su ropa (sin mencionar que los edificios se desmoronaban fuera de lo que el tren significara, frecuencias sonoras extrañas se podían oír desde donde estuviéramos ¿Por qué no había que elevar la voz si estaba en un tren? ¿Por qué el tren no era un tren sino una especie de colectivo devenido en tanqueta?…). Había encontrado algo importantísimo a la hora en que el tren se detuvo por primera vez; la gente comenzó a bajar en sobremanera, y nadie subía, pensé que mi única opción era bajar con todos ellos, pero ¿Qué tal si…?.
Y no importó, lo que yo buscaba no era bajar, y lo que yo buscaba ya no importaba a mis niveles de conciencia, ya que cuando todos bajaran apareciera la nena que tanto me preocupaba, así que me acerque a su triste mirada como si una pregunta fuera cada paso que estuviera dando hacia ella. Sonreí como un imbécil cuando me di cuenta de que ella era Clara, y de que nada de todo esto tiene sentido, como todo lo que nos toca (… ¿Por qué había montañas en el conurbano? ¿Por qué había una cascada? ¿Cómo pensé en meterme a una casa desconocida y sentirme como en la mía sin siquiera pedir un maldito permiso? ¿Cómo llegué a volverme tan viejo tan temprano? ¿Cómo llegué a verme encerrado en un triste juego de paréntesis?… por lo visto se trataba de un sueño, y por lo visto me veo envuelto en un lugar del que jamás me hubiera gustado salir).
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