Como si no lo supiera de antemano me dejé arrastrar por las
obscuras olas del perfumado océano de la incertidumbre (para muchos es
pelotudez). Pero notaba que esto tenía un pero y un porqué a cada instante en
que me atreviera a observar. Era un asunto cíclico de nunca acabar (sino dejaría
de ser cíclico).
Aunque más que un asunto cíclico era una sublime sensación de
permanente contemplación y minuciosa desconfianza -nunca mejor entendido
aquello de “tensa calma”- en la que lo que observaba no era otra cosa que parte
de un todo.
No se aun si es temprano para llegar, pero este sentimiento no
deja de presentarse haciendo notar que cada fuerza por distancia está conectada
ligeramente con su antecesora, y atada al tiempo de su existencia.
De esos días en que pienso que dejé de perderme. Si la memoria
no me sigue fallando podré recordarlo más de una vez… para identificar la
sensación necesaria.
. . . . .
Como si no se dieran cuenta que los símbolos se gastan con el
uso, le dan, más bien, mal uso a los mismos.
Solía ser (y para recordarnos que la unión hace la fuerza, y que
eso se logra solo cuando la unión se da por el resentimiento de más de una
parte a un solo enemigo, o una posición un poco más difícil, y sería por el
amor entre dos o más lo cual sería “eterno” y a su vez terminaría cuando le fuere
necesario) ”piquete (1-agujero pequeño; 2-grupo pequeño de soldados destinado a
un servicio extraordinario… según el Diccionario
básico de la lengua española de Grupo Editorial Norma. Y según el saber
popular es algo parecido a un pinchazo, como por ejemplo en la expresión “piquete de ojos” a menos que este
indique que se encuentra en una esquina de algún barrio un grupo de ojitos
quemando gomas de camión) y cacerola, la ‘d’ucha es una sola”. Si bien los piquetes (sea lo que sea a que esté diciendo con esto) existen desde remotas épocas de la historia [bien la acepción no
mencionada, ni por el saber popular, ni por la edición 1993 del diccionario de “Editorial Norma” (estamos un poco
retrasados en casa… todavía no tenemos las acepciones que impuso De La Concha) remite
personas en plena manifestación pública de consignas políticas o huelga, aunque
en mis tiempos esto tenia un nombre claro y específico: manifestación] las cacerolas un día
empezaron a sonar porque no teníamos con qué llenarlas y sus dimensiones nunca
fueron apropiadas para metérnoslas en el orto.
Ay de los símbolos cuando son usados. Es peligroso eso de usar
un símbolo, ya que es el símbolo quien nos debiera usar.
O mucho mejor sería una relación recíproca entre los símbolos y
nosotros, en la que el uso no sea tal sino impulsos coordinados por una expresión
de no más que amor (o bien energía).
Momento hoy en que quieren gastar el uso de la expresión de una
fecha con el número del día y la letra inicial de su mes.
El 21D ya pasó, y pocos se dieron cuenta de celebrar cada latido
con el libre marchar de las justas causas y la desintegración absoluta de los
intereses (más que propios o personales saben ser la mera expresión de los más tergiversados
imperios).
A pesar de renegar de este hecho al igual que “ellos” no dejo de
ser, también, un esclavo creyendo falsamente ser libre, tal vez en menor, tal
vez en mayor medida. Esclavo al fin. Pero busco de esta prisión las
entreabiertas puertas que abren pie a la cuarta dimensión…
“Para
construir un templo hay que derruir un templo”. Aunque lamentablemente derruyendo
templos no se ha logrado más que construir templos.