viernes, 31 de diciembre de 2010

MMX - GAME OVER

Hola Spots... hace mucho no tenemos, y extrañaba, una causerie tan directa; perdón pero me excedí con un dilema de historias y complicaciones de somnolencia, cosas que a veces no logro evitar del todo. Pero eh aquí lo que para algunos significa el fin de una etapa, y para otros significa el comienzo de otra... para algunos solo significa que la Tierra dio una vuelta mas al Sol, y listo, que sería mas sensato que pensar en el nacimiento y circuncisión de Jesu'... pero si vamos al caso, ambas se tratan de lo mismo. Nos enseñan a adorar a Dios que es quien nos dio la vida... y si vamos al caso nuestra vida dentro de la Tierra está fundamentada por la existencia del Sol (a pesar de las ganas de apagarlo que tenemos algunos)... más allá de otros parecidos entre la religión y la astrología ¿que es lo que buscamos con estas maneras de organizarnos? ¿que nos hace tan felices de terminar un año y empezar otro? ¿o que lo hace tan triste, dada la posible oposición? pero estas fechas siempre hacen caer algún que otro sentimiento. Si no es la sensibilidad es la ira, si no es la capacidad de perdonar es el dolor... siempre los puñales son mas dadivosos en muchos sentidos... si vamos al caso... el odio es un sentimiento muy subestimado. El odio es capaz de mover montañas. El odio es capaz de unir a un pueblo, ya sea el odio a algún ser ficticio que amenaza a su integridad. ahora me pregunto como parte de la humanidad ¿habrá alguna vez en la que nos una el amor? y siempre llego a la conclusión de que si lo logra vamos a ser muy pocos.
Gran diferencia es la que dan estos dos tipos de uniones. La unión por odio suele ser efímera, porque el odio en algún punto llega a ser un diferencial de lo que nos termina importando (no olvidemos cuanto lo subestimamos), mientras que la unión de amor puede o no ser mucho mas longeva, pero de muy pocos seres, mientras menos, mas posible es.
Si estas son las condiciones del juego, disfruten del tedio vital que puede formar su próximo año, a menos que lo planteemos como término específico temporal de cumplimiento de ciertos objetivos. Y esperemos que esos objetivos no se vayan perdiendo por el camino, a menos que lleguen unos nuevos que opaquen la claridad que estos sabían tener...
Por lo pronto me sumo a quien lo quiera, y brindaré con lo que haya.
-A usted señor@ lector@, a su manera de añorar absurdas resignaciones, y a su salud, veamos que decidimos cuando se acaba esto que hay-... -Buen año-.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Algo andaba mal (o demasiado bien) - 4° parte

Yo era el primero de la fila. Vi a los restantes, detrás de mí pero sin mirarlos, no pude advertir ningún tipo de detalle. Solo mataba toda mi sensibilidad meditando en el hecho de qué haría cuando viera a Clara, y en que diantres hubiera sucedido con anterioridad a mi pobre pero jugoso recuerdo.
Inexplicablemente el tren llegó, como nunca se habría dado (es extraño que los tiempos fueran concordando con las necesidades, pero… era).
“Algo funcionaba de manera extraña, o extravagante”, me atrevería a insinuar, como para ser el mal visto de la hora, pero al instante volví a pasar desapercibido. Pero me refería a que el tren no parecía tal, sino una especie de colectivo devenido en tanqueta, luego de un subdesarrollo surrealista. No tenía la opción de salir de ahí; no hubiera llegado y quien sabe lo que estaba por suceder en la casa de Clara (si era la casa… todo estaba cada vez más en duda).
Los pasajeros acentuaban esta sensación que me daba el viaje, parecían todos como salidos de un circo psicótico. Tuve la delicadeza de preguntarle a una nena -¿de dónde vienen?-, pero con ojos confundidos me dijo -¿y vos a dónde vas?... yo te conozco, te vi ayer en lo de Clara… ¿Qué te buscas con Clara?-.
Era insospechable, pero esta nena me había dejado sin respuesta, llegó el punto en que no importaba siquiera el ropaje extraño de toda esta gente, simplemente comencé a contemplarlos y a registrar cada ápice de su absurda y contagiosa felicidad.
En eso vi un muchacho que salió despedido por la ventana, justo donde el tren hacía un giro hacia el lado opuesto, esté agarró una soga, que quien sabe de donde estaba amarrada, y cuando me quise dar cuenta el tren hacía la contracurva con la que este entraba por la misma ventana por la que había salido. Otro pasaba de vagón en vagón haciendo piruetas extrañas con fuego y trapos negros, de este me llamó la atención la tremenda obscuridad que habitaba en su mirada (y en sus trapos).
Luego de observar cada uno de estos cálidos detalles, volví a la pregunta de la nena. Por lo que sabía, no se podría decir que yo supiera demasiado, y muy poco tampoco. Ya ni siquiera me importaba mucho su segunda pregunta, y eso que era la más intimidante, me quedé absolutamente consternado por el “¿y vos a dónde vas?...” (y me pongo a enmarcar esos puntos suspensivos, que fueron una tormenta instantánea de preguntas terribles hacia mí, de mi propio yo) y no pude dejar de recordar la tristeza de su mirar, con una terrible sensación de riqueza espiritual, entonces quise hacerle algunas preguntas así que comencé a caminar por los vagones como un enfermo desesperado por su medicina, o por algo que lo haga olvidar su enfermedad, o por algo que la acentúe de manera peligrosa para todos los demás, y más aún para sí mismo.
No encontraba más que balbuceos ajenos a mis intereses particulares, y también algunas críticas a mi normal vestimenta.
-¡No puede ser!- grité desesperado, y siendo que para entender a otro no había que elevar tanto la voz, la mía llamó la atención de los pasajeros de este, el primer vagón. Pensé en ir hacia la cabina pero meditándolo mejor era algo un poco exaltado como para lo que buscaba… entonces me puse a pensar en que es eso que diablos buscaba y la realidad estaba al frente de mis ojos, mientras todos estos me miraban expectantes incesantemente, luego de mis gritos. Este era el secreto, yo buscaba a esta nena y quería averiguar algo… nada iba a averiguar con su presencia, y mientras pensaba en esto el ambiente se volvía mas turbio, la gente extraña miraba más extraño que su ropa (sin mencionar que los edificios se desmoronaban fuera de lo que el tren significara, frecuencias sonoras extrañas se podían oír desde donde estuviéramos ¿Por qué no había que elevar la voz si estaba en un tren? ¿Por qué el tren no era un tren sino una especie de colectivo devenido en tanqueta?…). Había encontrado algo importantísimo a la hora en que el tren se detuvo por primera vez; la gente comenzó a bajar en sobremanera, y nadie subía, pensé que mi única opción era bajar con todos ellos, pero ¿Qué tal si…?.
Y no importó, lo que yo buscaba no era bajar, y lo que yo buscaba ya no importaba a mis niveles de conciencia, ya que cuando todos bajaran apareciera la nena que tanto me preocupaba, así que me acerque a su triste mirada como si una pregunta fuera cada paso que estuviera dando hacia ella. Sonreí como un imbécil cuando me di cuenta de que ella era Clara, y de que nada de todo esto tiene sentido, como todo lo que nos toca (… ¿Por qué había montañas en el conurbano? ¿Por qué había una cascada? ¿Cómo pensé en meterme a una casa desconocida y sentirme como en la mía sin siquiera pedir un maldito permiso? ¿Cómo llegué a volverme tan viejo tan temprano? ¿Cómo llegué a verme encerrado en un triste juego de paréntesis?… por lo visto se trataba de un sueño, y por lo visto me veo envuelto en un lugar del que jamás me hubiera gustado salir).

jueves, 16 de diciembre de 2010

Algo andaba mal (o demasiado bien) - 3° parte

Nos sentamos en los sillones, le tomamos la cerveza, le prendimos el DVD para poner el semiacústico de Almafuerte (se puede asegurar que lo que hayamos hecho, lo hicimos con total discreción y respeto), pero a mí (el boludo) se me calló una botella de cerveza. El ruido de la botella estrolada contra el piso retumbó por toda la casa, y creo que por el barrio también. Cuando miré para la puerta del fondo veo entrar a un gordo, que no por juzgarlo por tener sobrepeso, pero tengo que aclarar que en mi vida tuve un miedo tan irresoluto de morir tan prontamente. Fue un poquito peor cuando me di vuelta para salir corriendo y noté el peculiar detalle de que la casa estaba plenamente en llamas (creo que de ahí sacó una canción un groso que estaba durmiendo por el fondo). A los pibes les grité ¡la cagamos! Pero nunca logré divisarlos, así que salí disparado por la ventana, un lugar por el que el presunto “dueño” (en el sentido estricto de la palabra, podemos decir que nadie pude ser dueño de nada porque todos los derechos adquiridos no terminan siendo otra cosa que un invento de algún hijo de puta, y me vuelvo a disculpar por irrumpir un relato en el que me cago, a esta altura de la vida) de la casa no cabría ni en pedo.
Esperé cinco minutos afuera, escondido detrás de un puesto de diarios, con la enorme desventaja de no saber si podría llegar a ser visto por alguien de la casa, que acababa de notar, a juzgar por el cartel que vi afuera, era una sala de ensayo, y me fui al carajo. No sabía ni qué hora era, pero ya se me estaba haciendo de noche, cosa que no asustaba, exceptuando el hecho de que donde estaba y a donde iba jugaba de visitante. Así que empecé a correr, y de repente llegué a la cascada. No podía creer que había estado corriendo para el otro lado. En el momento me quise matar, pero después empecé a disfrutar del paisaje. Ya no estaba tan perseguido pero si quería llegar temprano tenía que correr. Aunque se me ocurrió algo mejor: si subía la montaña tenía menos trayecto y seguramente llegaba a tiempo, así que giré hacia la derecha como para ir para ese lado, aunque ya andaba bastante muerto como para subir montañitas.
Este lugar me traía siempre una sensación parecida, más bien una especie de incitación. Al subir, como hacía mucho tiempo que no lo hacía (y a esta altura quién podría afirmar que alguna vez habría de haberlo hecho. No suelo ser caracterizado como una persona memoriosa, y más en días como hoy, que me olvido la pastilla verde en el cajón), me agarraba una especie de ataque de reflexividad descomunal. Empecé sintiéndome un boludo por tirar la botella, pero también noté que había sido en el momento justo que me tuviera que ir. Aunque también estaba bastante mal haber perdido a Lito y Chofi… pero mientras no sonara el teléfono estaba todo bien. Nunca sonó meditando en todo este pack de boludeces, no solo se me pasó el viaje hasta la cima, sino que ni me di cuenta y ya estaba en la estación. Ahora solo restaba la preocupación de que pasase el tren en un momento acorde a lo necesario (cosa que no suele suceder en ningún plano posible).

sábado, 4 de diciembre de 2010

Algo andaba mal (o demasiado bien) - 2° parte

- Es todo lo que deseo en este momento- respondí tierna pero tristemente- aunque no somos ni consientes ni inconscientes de lo que pueda ocurrirnos para tal ocasión.- (¿Qué onda Humphrey?... Se me da por renegar mucho de mis pasados relatos y mis pasadas actitudes. Pero no le puedo negar que no es hasta después de elegir equivocadamente, que tomamos la decisión correcta. Al menos en mi caso).
No sé si me creí Humphrey Bogart o qué, pero al instante de pronunciar tales palabras me sentí un pelotudo. Lo bueno es que lo haya, o no, pensado en ese momento, como yo, ella solo se ocupó de besar mis labios y despedirme como si fuese mi enamorada, cosa que ni siquiera estaba en duda, todos sabíamos muy bien que no, pero yo después de eso tenía que seguirle la corriente a ver qué pasaba al día siguiente (no entiendo cómo llega ella a tal punto, y espero usted sí. En un principio creí que ella querría hablar conmigo de algo que pudiera ser, o no, importante, pero sin embargo luego besó mis labios ¿qué habría pasado antes de lo único que recuerdo de esta noche?).
No sé si fue la sensación al besarla pero allí, creo que, olvidé todo lo que habría pasado con anterioridad a esta despedida (habrá advertido el detalle de que es el día de hoy y no logro recordarlo). Pero si, recuerdo que, al otro día fui a trabajar, y como esta labor no me hace muy feliz (¡Y carajo! Que han cambiado las cosas desde aquel entonces) fui cómplice de nueve horas más de escena perdida en mi interior, o sea, que perdí toda la noche anterior (es una forma de decir) y, a su vez, perdí nueve horas más (no es una forma de decir, ese trabajo le sacaba las ganas de vivir hasta a Flanders, que tendrá muchas ganas de vivir, pero muy poca vida. Excepto cuando se fue a Las Vegas, pero perdón, no quisiera irme por las ramas “{[…]}”), espero así no hiciera daño a mi mente, pero ya había perdido de mi mente todo ese “mambo” de anoche, así que preferí eliminar la “resaca” de la mañana siguiente como para quedar en cero (o en 7, si al PH nos referimos).
Cuando salí del trabajo, tuve un par de escenitas surreales, que me resultaron extrañas pero no me molestó para nada actuar con total normalidad. Me crucé a Lito y al Chofi, que me tiraron la onda para ir a la cascada. El problema radicaba en que a mí me choca pasar por la rotonda, pero ya fue; ellos trajeron las bicicletas y ni siquiera había que caminar esas quince cuadras de mierda.
Llegamos, en fin, a la rotonda, y la pasamos de largo a su vez, pero eterno se hacia el camino a la cascada, yo ya no entendía por que no dejábamos de viajar, siendo mi única preocupación llegar al tren para ver a Clara. Como ellos, que conducían, estaban un poco cansados, paramos a tomar aire (entre otras cosas) y nos pusimos a caminar hasta que vimos la puerta de una casa abierta y no nos quedó otra que entrar.