- Es todo lo que deseo en este momento- respondí tierna pero tristemente- aunque no somos ni consientes ni inconscientes de lo que pueda ocurrirnos para tal ocasión.- (¿Qué onda Humphrey?... Se me da por renegar mucho de mis pasados relatos y mis pasadas actitudes. Pero no le puedo negar que no es hasta después de elegir equivocadamente, que tomamos la decisión correcta. Al menos en mi caso).
No sé si me creí Humphrey Bogart o qué, pero al instante de pronunciar tales palabras me sentí un pelotudo. Lo bueno es que lo haya, o no, pensado en ese momento, como yo, ella solo se ocupó de besar mis labios y despedirme como si fuese mi enamorada, cosa que ni siquiera estaba en duda, todos sabíamos muy bien que no, pero yo después de eso tenía que seguirle la corriente a ver qué pasaba al día siguiente (no entiendo cómo llega ella a tal punto, y espero usted sí. En un principio creí que ella querría hablar conmigo de algo que pudiera ser, o no, importante, pero sin embargo luego besó mis labios ¿qué habría pasado antes de lo único que recuerdo de esta noche?).
No sé si fue la sensación al besarla pero allí, creo que, olvidé todo lo que habría pasado con anterioridad a esta despedida (habrá advertido el detalle de que es el día de hoy y no logro recordarlo). Pero si, recuerdo que, al otro día fui a trabajar, y como esta labor no me hace muy feliz (¡Y carajo! Que han cambiado las cosas desde aquel entonces) fui cómplice de nueve horas más de escena perdida en mi interior, o sea, que perdí toda la noche anterior (es una forma de decir) y, a su vez, perdí nueve horas más (no es una forma de decir, ese trabajo le sacaba las ganas de vivir hasta a Flanders, que tendrá muchas ganas de vivir, pero muy poca vida. Excepto cuando se fue a Las Vegas, pero perdón, no quisiera irme por las ramas “{[…]}”), espero así no hiciera daño a mi mente, pero ya había perdido de mi mente todo ese “mambo” de anoche, así que preferí eliminar la “resaca” de la mañana siguiente como para quedar en cero (o en 7, si al PH nos referimos).
Cuando salí del trabajo, tuve un par de escenitas surreales, que me resultaron extrañas pero no me molestó para nada actuar con total normalidad. Me crucé a Lito y al Chofi, que me tiraron la onda para ir a la cascada. El problema radicaba en que a mí me choca pasar por la rotonda, pero ya fue; ellos trajeron las bicicletas y ni siquiera había que caminar esas quince cuadras de mierda.
Llegamos, en fin, a la rotonda, y la pasamos de largo a su vez, pero eterno se hacia el camino a la cascada, yo ya no entendía por que no dejábamos de viajar, siendo mi única preocupación llegar al tren para ver a Clara. Como ellos, que conducían, estaban un poco cansados, paramos a tomar aire (entre otras cosas) y nos pusimos a caminar hasta que vimos la puerta de una casa abierta y no nos quedó otra que entrar.
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